Una empresa industrial que hace las cosas bien tiene tres análisis de riesgo: el estratégico, el del proyecto y el técnico. Casi siempre están desconectados, y esa desconexión es lo que convierte el AMFE en un trámite. Esta pieza baja el último tramo, con tres casos recorridos hasta el modo de fallo.
En una empresa industrial que hace las cosas razonablemente bien conviven tres análisis de riesgo. Cada uno tiene su reunión, su plantilla y su responsable. Y casi siempre están desconectados entre sí.
| Nivel | Herramienta | Quién lo lleva | Cada cuánto se mira |
|---|---|---|---|
| Estratégico | DAFO, matriz de cartera, «riesgo de no hacer» | Dirección | Una o dos veces al año |
| Proyecto | Registro de riesgos: probabilidad, impacto, responsable, plan de respuesta | Dirección de proyecto | En cada revisión de proyecto |
| Técnico | AMFE de diseño y de proceso: severidad, ocurrencia, detección | Oficina técnica y calidad | En hitos de diseño y antes de industrializar |
Sobre cada uno por separado hay material publicado de sobra. Sobre cómo se encadenan hay muy poco, y ese es exactamente el punto donde se pierden los proyectos: un riesgo que dirección identificó en enero y que nunca llegó a convertirse en nada que alguien pudiera comprobar en un plano.
Los dos primeros niveles —del DAFO al registro de riesgos— ya están tratados en Del DAFO al risk register. Aquí no se repiten: esta pieza empieza donde aquella termina y baja el último tramo, el que llega al AMFE.
«Dependemos demasiado de un solo proveedor» es una frase verdadera y completamente inútil. No se puede asignar, no se puede verificar y no se puede cerrar. Nadie puede abrir un plano el martes y hacer algo con ella.
El descenso entre niveles consiste en responder tres veces a la misma pregunta —¿y eso en qué se nota?— hasta llegar a algo que se pueda medir:
Un riesgo ha llegado al nivel técnico cuando se puede escribir en esta forma: «si [causa], entonces [modo de fallo] en [pieza o paso], y quien lo sufre nota [efecto]». Si la frase no se puede completar sin inventar, el descenso no ha terminado.
Elige un caso y recorre el descenso completo. Los tres son situaciones corrientes en producto industrial; ninguno es un ejemplo de manual. En el último nivel puedes mover la severidad, la ocurrencia y la detección para ver cómo cambia la prioridad de la acción.
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El NPR (severidad × ocurrencia × detección) es el indicador clásico y sigue siendo útil para ordenar una lista. Tiene un defecto conocido: números iguales pueden significar cosas muy distintas — un 8×2×5 y un 2×8×5 dan 80 y no se parecen en nada. Por eso la referencia actual del sector de automoción sustituyó el NPR por una prioridad de acción por bandas, que pondera antes que nada la severidad. La banda que se muestra arriba sigue ese criterio de forma orientativa; la tabla oficial completa está en el manual y quien audite bajo IATF debe contrastarla con él.
La confusión más cara del AMFE es tratar S, O y D como tres opiniones del mismo equipo en la misma reunión. No lo son: cada uno se justifica con una evidencia distinta y se baja con una acción distinta.
La prevención actúa sobre la causa y justifica la ocurrencia. La detección actúa sobre el modo de fallo y justifica la detección. Cuando las dos columnas se rellenan con lo mismo —«inspección visual» en ambas— el AMFE ha dejado de medir nada.
Y una consecuencia práctica: una severidad de 9 o 10 se reserva para seguridad de las personas o incumplimiento legal. Si en una tabla hay quince filas con severidad 9, o el producto es extraordinariamente peligroso o la escala se ha inflado, y lo segundo es mucho más frecuente.
Ninguna de estas señales necesita auditoría para verse. Se comprueban abriendo el documento:
Cuando el descenso no se hace, el riesgo no desaparece: simplemente reaparece más tarde y más caro. Lo que en fase de concepto se resuelve cambiando una cota, en utillaje fabricado se resuelve con un molde nuevo. Es el mismo riesgo; lo que ha cambiado es cuántos grados de libertad quedan para responder.
Este INNsight encadena marcos que existen por separado. Estas son las referencias de cada uno, para quien quiera bajar al detalle.
Principios y directrices aplicables a cualquier organización. Aporta el vocabulario común y el ciclo identificar → analizar → evaluar → tratar → monitorizar, que es el que recorren los tres niveles.
El área de gestión de riesgos del proyecto define el registro, el análisis cualitativo y cuantitativo y la planificación de respuesta. Es la referencia del nivel 2.
La referencia conjunta de la industria de automoción de Norteamérica y Alemania. Introduce la prioridad de acción por bandas en sustitución del NPR y separa controles de prevención y de detección.
Norma internacional que define el método AMFE con independencia del sector. Útil cuando el producto no es de automoción y el manual AIAG-VDA no aplica directamente.
Para producto sanitario el marco de riesgo es este, y su lógica es distinta: el riesgo se evalúa frente al beneficio clínico y la aceptabilidad se documenta de forma explícita.
Tratamiento riguroso de la incertidumbre en desarrollo de producto. Su argumento central —reducir la varianza vale más que reducir la media— es lo que justifica bajar los riesgos pronto.